El lacón se pone en agua fría la noche anterior, así pierde sal y se queda más suave. También se puede poner sin remojar, pues de esta manera el repollo queda mucho más sabrosos. Se lava el repollo hoja por hoja y se pica menudo. En una cazuela proporcionada se coloca parte del repollo, encima el lacón entero, desalado o no; se añade el resto del repollo y se cubre de agua fría; cuando rompe el hervor se tapa y se deja cocer lentamente hasta que el lacón esté tierno. Si no puede ponerse el repollo de una vez, se cuece aparte lo que queda y, a medida que se vaya reduciendo, se agrega. No debe quedar caldoso. Se sirve en una fuente con los trozos de lacón por encima del repollo.